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LAS AVENTURAS DE JUAN PLANCHARD

Jonathan Jakubowicz

Caracas, Breinguash Books, 3ª ed. 2017, 296 p.

La primera impresión es que se trata de una novela pornográfica al estilo venezolano, es decir, con toda la cantidad de groserías y malas palabras que hablan los malandros y los desinhibidos con unas copas de más. Pero luego van apareciendo otras impresiones que posiblemente coinciden más con las del autor: la novela presenta una crítica feroz contra los bolichavistas, los que se han robado miles de millones y llevan una vida dispendiosa, exhibicionista, de prostitutas y drogas, y que califican de pendejos a los que pudiendo actuar como ellos no lo hicieron. Aparecen también altos personeros del gobierno, a los que retrata como unos arrodillados ante el Comandante, que se proclaman revolucionarios, pero a quienes les importa un comino la suerte de los pobres. Toda una panoplia de la actual escenografía venezolana.

Dice un comentarista: “Las Aventuras de Juan Planchard” es un viaje a lo más profundo del robo a Venezuela, el asalto más grande de la historia. La oligarquía bolivariana se revela en su esencia y pasión por el sexo, las drogas y la revolución. Aventura, acción, suspenso, drama, comedia; todos los géneros convergen en esta historia trepidante y sorprendente, con un final completamente inesperado que promete una saga literaria de varias entregas.”

Juan procede de una familia clásica que ve con horror el saqueo chavista. El padre reclama al hijo que abandone esa conducta y el hijo le responde con una comparación beisbolística que desarma al padre, muy aficionado a ese deporte: “Yo solo me adapto a las reglas del juego… y eso sí fue lo que me enseñaste… Me embasé por bolas… me robé segunda… me robé tercera y con un fly de sacrificio llegué a home. ¿Violé las reglas? No… ¿Anoté? Sí… y que jode… Sin meter ni un hit, es verdad… pero la carrera vale igual. Porque supe jugar el juego en vez de ponerme a pelear. Acepté la realidad de la liga y me adapté. Yo no soy el umpire, ni el manager. Ni puse las reglas, ni decido cuándo cambiar al pitcher…”.

La novela retrata el carácter venezolano de una forma entre burlona y realista. Por ejemplo, Juan se encomienda, antes de hacer un chanchullo, a la Santísima Trinidad, a la Virgen de Coromoto, a Changó, María Lionza y José Gregorio… en una mezcla de deseo y superstición muy típica de todas las clases sociales. Se enamora de una gringuita y ella de él, pero la bella tiene un pasado sospechoso que va insinuándose en el relato. Juan la consiente en todo, le paga todo, hasta un intento de extorsión por parte del antiguo novio de la chica. La relación termina mal, como era previsible.

La novela está bien construida, va aumentando la tensión. Los asaltos, los secuestros, las muertes violentas, que terminan por afectar a los padres de Juan. También esto es parte de la realidad cotidiana en Venezuela, como lo afirma el autor. Una crítica: la parte final de la novela es un tanto inverosímil en el episodio de las tragavenados, utilizadas para atemorizar a los policías y en el macabro hallazgo en el puente sobre el Lago. Parece que el autor piensa más en un guion de película que en un libro.

No voy a contar lo que ocurre, para no estropear la lectura del que se interese por la novela, pero la tragedia se instala en la vida del bolichico y prepara un final inesperado que anuncia una nueva novela. También este final de serie televisiva es muy venezolano. Esperemos la próxima entrega.

Abril 2018

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