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HOMO DEUS

Yuval Noah Harari

Barcelona, Penguin Random House, 7ª reimpr. 2017 (3ª ed. 2016)

492 p.

 

No son simplemente temas que están de moda. Conciernen al sentido de la vida que hemos vivido y viviremos los humanos. Puede uno ignorarlos, pasar los días en trivialidades, preocupado por situaciones y personas que a la postre son insignificantes. Pero levantar la cabeza, detener el ritmo loco de las presiones diarias y mirar al pasado y al futuro no es fácil, pero es necesario. Nos permite conocer, conocerse, sentirse, sentir a toda la humanidad, preguntarse por la trascendencia. Eso es lo que hace este gran escritor judío, que por algo ha sido leído por millones. Escuchémosle, aunque sea de lejos.

En el pasado de la humanidad tres fueron las causas principales de mortalidad, que impidieron el crecimiento y casi acaban con la especie humana: el hambre, la peste y la guerra. El hambre afectó en el pasado a gran parte de la población y murieron millones en todas partes. Las pestes eran incontrolables; para dar un solo ejemplo: por la pandemia de la gripe española quedaron afectadas en 1918 cerca de 500 millones de personas (un tercio de la población mundial), de las cuales murieron más de 50 millones, número mayor que en la Primera Guerra Mundial que mató a 40 millones. La medicina ha eliminado ahora las pandemias y ha controlado enfermedades desconocidas como el ébola. El progreso médico es y sigue siendo prodigioso. Las guerras son ahora marginales. Ya no hay peligro de que Francia le declare la guerra a Alemania o Estados Unidos a Rusia. El último intento o amenaza ocurrió en la crisis de los misiles en 1962, pero Kennedy y Khruschev sabían que podían acabar con la humanidad.

Vencer la muerte es ahora el objetivo de la investigación científica médica. Ahora ya no solamente se curan enfermedades, sino que se renuevan tejidos. La esperanza de vida sigue creciendo y podrá llegar pronto a más de cien años.

Otro gran proyecto científico del siglo XXI que describe el autor es la búsqueda de la felicidad. Descarta motivaciones psicológicas o religiosas y sostiene que se conseguirán mediante la manipulación biológica, como se hace provisionalmente con las drogas. Pero eso es solo el comienzo. La ingeniería biológica, ayudada por la inteligencia artificial, “fusionará el cuerpo orgánico con dispositivos no orgánicos, como manos biónicas, ojos artificiales o millones de nanorrobots que navegarán por nuestro torrente sanguíneo, diagnosticarán problemas y repararán daños”. (p. 57)

El homo sapiens puede llegar a transformarse en homo divinus, inmortal y ajeno a toda enfermedad. ¿Es realista ese sueño? El autor investiga cómo el humanismo se ha convertido en la religión dominante en el mundo, pero que no está ajena ni mucho menos a su autodestrucción. El autor explica cómo las religiones teístas nacieron con la agricultura. Manifiesto ateo a pesar de su origen judío, hace una defensa apasionada de los animales, que no se diferencian según él del hombre en lo sustancial, y por eso repudia el trato que se les da en las granjas, en las que se les priva de toda libertad y de toda relación afectiva madre-hijos. ¿No recibirá el ser humano un trato parecido cuando la inteligencia artificial cree seres mucho más inteligentes que los humanos?

¿Por qué el homo sapiens es diferente de los animales? “La respuesta monoteísta tradicional – dice el autor – es que sólo los sapiens poseen un alma eterna. No se trata de un cuento de hadas de guardería, sino de un mito poderosísimo que sigue modelando la vida de miles de millones de humanos y animales en los primeros años del siglo XXI. La creencia de que los humanos poseen un alma eterna, mientras que los animales no son más que cuerpos evanescentes, es un pilar básico de nuestros sistemas legal, político y económico. Por ejemplo explica por qué es perfectamente correcto que los humanos maten animales para comérselos o incluso sólo por diversión”. (p. 119)

Harari es ateo a pesar de su origen judío y pone a todas religiones, especialmente las monoteístas, ancladas en un pasado superado por la ciencia. No considera ni aprecia la evolución en la comprensión teológica y escriturística cuando critica que el Papa es infalible o que la palabra de Dios se toma literalmente en el cristianismo. Se fija sobre todo, por ignorancia o por prejuicio, en que las religiones han sido superadas por el humanismo, y las iguala con todas las ideologías absolutistas como el comunismo o el nazismo.

Sostiene que no existe el alma, que es un invento de las religiones para dar sentido a la existencia presente y futura. “Un día nuestro conocimiento será tan vasto y nuestra tecnología tan avanzada, que podremos destilar el elixir de la eterna juventud, el elixir de la verdadera felicidad y cualquier otra droga que deseemos… y ningún dios nos detendrá”. (p. 227) Tal es su visión del progreso de la ciencia que desterrará supersticiones e ignorancias como las que han maniatado a la humanidad.

El crecimiento económico se ha convertido en la religión actual por encima de ideologías. El islamista Recep Tayyip Erdogan en Turquía, el nacionalista Shinzo Abe en el Japón, el comunista Xi Jinping en China privilegian el crecimiento económico estilo capitalista.

La revolución humanista que Harari describe da sentido a la vida prescindiendo de Dios. La religión del humanismo desempeña el papel que antes ejercían el cristianismo y el islamismo. Somos el origen último del sentido de la vida, podemos fiarnos de nosotros mismos. Este pensamiento del autor ignora la debilidad humana y la permanente ambigüedad de sus disposiciones internas, y pretende corregirlas por medio de la biología científica. Elegir el bien por encima del mal no es fácil; se necesita el apoyo de un entorno positivo y una educación generosa que se apoya en la fe religiosa. Pero esto le parece a Harari cosas del pasado. Él parece una resurrección de Jean-Jacques Rousseau y su optimismo en la condición del ser humano original. En la Edad Media Dios era la fuente de la autoridad política, moral y estética. Hoy soy yo quien acepto y escojo lo que es bueno, útil y bello.

El liberalismo es una expresión concreta de este humanismo moderno: “Es la política liberal la que cree que el votante es el que mejor sabe lo que le conviene. El arte liberal afirma que la belleza está en los ojos del espectador. La economía liberal sostiene que el cliente siempre tiene razón.

La ética liberal nos aconseja que, si nos gusta, debemos hacerlo. La educación liberal nos enseña a pensar por nosotros mismos, porque la respuesta la encontraremos en nuestro interior”. (p. 277)

Otro tipo de humanismo es el socialista, que acusa al liberalismo de individualista, de autocentrado  y exige que “me centre en lo que los demás sienten y en cómo mis actos influyen en sus experiencias”. (p. 281)

Por último, el tercer tipo de humanismo, el evolutivo, sostiene que “el conflicto es la materia prima de la selección natural que impulsa la evolución. Algunos humanos son simplemente superiores a otros y cuando las experiencias humanas entran en colisión, los humanos más aptos deben arrollar a todos los demás”. (p. 283) Nietzsche en todo su esplendor.

Así como Hariri niega la realidad del alma, niega también la realidad del libre albedrío. Según él, las elecciones que hacemos no son libres, sino predeterminadas genéticamente. “Si los organismos en verdad carecen de libre albedrío, ello implica que podemos manipular e incluso controlar sus deseos mediante el uso de drogas, ingeniería genética y estimulación directa del cerebro”. (p. 316)

El futuro de los empleases malo, según el autor. Millones de puestos de trabajo serán sustituidos por robots, que usarán algoritmos que ya se van inventando y aplicando. Casi el 100% de los siguientes empleos desaparecerán para 2033: televendedores, agentes de seguros, árbitros deportivos, cajeros, camareros, guías de viajes, transportistas 8P. 3579.

Ya se han inventado sensores e incluso un páncreas artificial que vierte insulina en el organismo aquejado de diabetes. “Pixie Scientific vende ´pañales inteligentes´ que analizan la caca del bebé en busca de indicios sobre la salud del niño… Una aplicación llamada Deadline va un paso más allá y nos dice cuántos años de vida nos quedan, según nuestros hábitos actuales”. (p. 362)

Viene un tecnohumanismo del que estamos experimentando las primeras ventajas. La ingeniería genética, la nanotecnología y los interfaces cerebro-ordenador conducen a una sociedad nueva.

Estamos en una era de la religión de los datos. “Las ciencias de la vida han acabado por ver a los organismos como algoritmos bioquímicos” (p. 400). Todo se puede explicar en procesos matemáticos predecibles y manejables. “Los organismos son algorítmicos, jirafas, tomates y seres humanos son sólo métodos diferentes de procesar datos” (p. 401)

Ya vemos pues la adoración de Hararipor la ciencia, expresada en algoritmos, para los que no hay límite predecible. Él la considera la nueva religión, muy por encima de las religiones tradicionales monoteístas e incluso del tecnohumanismo. Según él, los homo sapiens que sean capaces de adaptarse a esta nueva realidad pervivirán y los que no, sucumbirán. Vendrá la era de la inteligencia artificial a través de máquinas superinteligentes que podrá doblegar a los seres humanos corrientes. Esa era abrirá las posibilidades de un ser humano  muy superior al homo sapiens y que seá inmortal y divino.

Zaragoza, agosto 2019

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