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SIDI. UN RELATO DE FRONTERA

Arturo Pérez-Reverte

Barcelona, Penguin Random House, 2019, 371 p.

 

La figura histórica de Rodrigo Díaz de Vivar queda plasmada en esta novela histórica que nos ofrece Pérez-Reverte. De niño leyó La leyenda del Cid de José Zorrilla, y aquí nos presenta su visión particular de este héroe legendario. Desterrado por Alfonso VI, quien no le perdonó haberle obligado a jurar que no había tenido parte en la muerte de su hermano don Sancho. Y es que Rodrigo o Ruy (como se dice en esta obra) había sido nombrado por don Sancho su alférez, su jefe de tropas. Tras su muerte Ruy se pone al servicio de quien le dé de comer. Berenguer Remont, conde de Barcelona, le rechaza, no quiere tener a su lado a un guerrero de semejante fama, y entonces se pone al servicio de Mutamán, rey moro de Zaragoza, quien está enfrentado a su hermano Mundir por cuestiones de herencia, como era tan frecuente entonces. 

Nadie tiene un historial de armas como Ruy Díaz de Vivar. “Amado por unos y envidiado, temido y detestado por otros, había tomado como lema el de un emperador romano, sugerido por un abad amigo de su familia: Oderint dum metuant. Que me odien, pero que me teman. Estaba escrito en su escudo, en latín.” (p. 38)

En el relato destacan Minaya, su segundo en el combate; Diego Ordóñez, un burgalés mal encarado, ansioso de combates; el Bermejo, un fraile joven que conoce bien los terrenos y los pinta para guiar a la tropa; Galín Barbués y Muño García, oteadores siempre adelantados para informar de la situación del enemigo; Martín Antolínez y otros muchos.

Al Cid lo admiran cristianos y moros, que lo llaman Sidi, el señor. Va siempre al frente de las tropas, sabe escoger el mejor momento para atacar y nunca improvisa. Piensa con frecuencia en su esposa Jimena y sus dos hijas, a las que ama entrañablemente. Muestra buen conocimiento de la religión musulmana y la respeta profundamente. Esto le granjea el aprecio de los guerreros moros que el rey de Zaragoza pone a su servicio. 

En una batalla sale herido y muere su caballo, así que después compra el mejor caballo que ha habido nunca, al que pone por nombre Babieca, con el que forma un todo invencible. 

En la novela se usan muchas expresiones árabes, que el Cid pronuncia, y se gana con ello a Yaqub al-Jatib, el jefe de los moros que están a su servicio. Se admiran mutuamente por su valentía y constante recurso a Dios o Alá. La batalla final contra Mundir, el conde de Barcelona y los francos que vienen con él es dramática, indecisa, sangrienta. El Cid sale herido por una saeta y un corte en la ceja, pero logra la victoria. El rey de Zaragoza, que ha presenciado la batalla desde una colina, le ofrece nuevas conquistas por el este hasta Valencia y Játiva, y esto será seguramente el contenido del próximo libro que Arturo Pérez-Reverte escribirá (o ya lo está haciendo) sobre el Cid Campeador.

 

Zaragoza, septiembre 2019

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