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SAPIENS. A BRIEF HISTORY OF HUMANKIND

Yuval Noah Harari

London, Penguin Random House UK, 2014, 498 p.

Es el segundo libro que leo de este autor, profesor de la Universidad de Jerusalén y ateo convencido. Despliega tal cantidad de conocimientos sobre la historia de la especie humana – el Homo Sapiens – que no puede uno menos de admirarlo. Sus opiniones en cambio son discutibles y a veces parecen provocadoras, para que el lector tenga que defender sus convicciones o para que dude de ellas.

Todos venimos de la misma especie humana, el Homo Sapiens, pero ha habido varias especies, algunas de ellas descubiertas recientemente: Neanderthal, Denisova, Erectus, Ergaster, Floresiensis, Rudolfensis. El Neanderthal, con el que convivió el Sapiens, era más musculoso y tenía un cerebro mayor. ¿Por qué no prevaleció? ¿Qué causó su extinción? Hay mucho desconocimiento de los tiempos primitivos, que se remontan a centenares de miles de años atrás.

El autor considera que hay tres grandes épocas en la historia de la humanidad: la del recolector-cazador, la del agricultor y la de la revolución científica e industrial. Ahora estamos a la vera de otra época, la del conocimiento virtual, que va a cambia para siempre la historia del hombre sobre la Tierra. Hace más de 70.000 años advino lo que Harari llama la revolución cognitiva, cuando el ser humano fue poco a poco nombrando las cosas y comunicándose con los demás. Los homo sapiens de la prehistoria vivían desperdigados por Asia, África y Europa y no se conocían unas tribus a otras. Los imperios que se fueron constituyendo a lo largo de los siglos en China, Asiria, Babilonia y Egipto fueron dando conciencia de unidad. Luego vino el imperio romano y más tarde el español, el francés, el inglés, el ruso y el norteamericano, que han contribuido a la conciencia global de pertenecer a la misma especie. Las religiones y el comercio también han hecho lo suyo para dar unidad a la especie humana. La revolución científica a partir del siglo XVI, que luego se desarrolló en la aplicación de la ciencia a la producción, unificó a la especie humana. Actualmente es la inteligencia artificial la que va a transformar toda la historia del hombre en el universo. En Homo Deus, escrito años más tarde, Harari desarrolla el tema de la inteligencia artificial, de la nanotecnología y de la manipulación cromosómica, que eliminará las enfermedades y hará al Sapiens inmortal. Eso si no es sustituido por su propia creación, los robots inteligentes.

Harari se hace preguntas interesantes: ¿fueron más felices los recolectores/cazadores o los que trabajaban en asentamientos agrícolas? Él afirma que los recolectores eran más felices, tenían más libertad, comían más variedad de alimentos. Es su opinión, porque yo creo que la vida estaba más amenazada en los tiempos más primitivos. El comercio se vio impulsado por la creación de objetos como las ostras, la cebada, la lana, que hacían de moneda de intercambio. Pero fue con la creación de las monedas y los billetes, y con los préstamos con intereses cuando se favoreció el comercio. Todo ello se basa en la confianza, que es la base de la sociedad. La imaginación humana es poderosa y crea instituciones que todos aceptan, como dioses, monarquía, los bancos, el sistema judicial, naciones, derechos humanos, sin los cuales no se podría vivir. Pero son fruto de la potente imaginación humana, existen porque todos estamos de acuerdo en que existan. En eso nos distinguimos de nuestros parientes más próximos, los chimpancés, que puede aprender muchas cosas, pero no hasta ese extremo.

Es muy interesante la importancia que le da a la cultura humana, que permite al ser humano escapar más allá de los límites que le impone su biología. Y también trata en varias partes del libro el trato violento y malvado que los seres humanos dan a los animales, a los que consideran sin inteligencia y sin derechos. Y aunque ahora el homo sapiens come mejor, vive más, tiene menos enfermedades y hay menos guerras que en el pasado, no por eso es el hombre más feliz. Harari discute sobre en qué consiste la felicidad, y en definitiva no es la suma de riquezas, ni la salud, ni el conocimiento, ni el poder, sino estar en paz consigo mismo y querer a los demás. No cree que el budismo ayude mucho en estos tiempos en que es tan difícil dominarse a sí mismo ignorando el dolor. Tampoco las religiones, que para él están ancladas en un pasado dogmático ya superado. Su ateísmo es fuerte, adora al hombre, aunque teme por su futuro.

Octubre 2019

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