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LAS ESCALAS DE LEVANTE

Amin Maalouf

Madrid, Alianza Editorial, 1997, 234 p.

Un encuentro en París entre un héroe de la Resistencia francesa, ya viejo, y un admirador anónimo. Aquel le va contando su vida en siete apretadas sesiones, por los diversos lugares mediterráneos que le vieron discurrir, y de ahí el título de la historia. La vida le ha llevado por derroteros inesperados, como ocurre con muchas existencias humanas, en las que los sacudones de la violencia política zarandean los destinos. Una infancia de niño rico y consentido, una juventud que busca la independencia, un encuentro inesperado con el gran amor de su vida. Luego, la bajada a los infiernos, la demencia, el cautiverio, el pastoso discurrir del tiempo sin sentido. Por fin, la liberación, el reencuentro, una nueva vida que apunta en el horizonte.

Los conflictos étnicos y religiosos – nazis, árabes, judíos, otomanos, armenios –, enfrentados en escaramuzas y guerras, configuran un trasfondo opresor que se impone a la buena voluntad de los protagonistas. Todo discurre en una espiral de violencia que parece imposible de atajar. La pareja protagonista, él de origen árabe, ella judía, tratarán de hacer en su vida común el refugio de entendimiento y amor que anhelan para toda la humanidad. Unas circunstancias inesperadas y crueles los llevarán a separarse largos años, pero sabrán resurgir de sus cenizas para intentar vivir de nuevo. Toda una lección de amor, entendimiento y perseverancia a pesar de los obstáculos.

Maalouf es un maestro ahondando en los estados psicológicos de los personajes, los cuales parece imposible que sean inventados. Y lo hace con un estilo aparentemente sencillo, sin pretensiones, dejando que la situación y los personajes hablen por sí mismos, sin descripciones innecesarias, en una economía narrativa que mantiene la historia en el máximo interés. Especialmente sobrio en la descripción de los afectos, de las emociones, como quien lo hace desde fuera, con la contención que dan los años y las experiencias amargas, con la nostalgia de quien se asombra que tales cosas le hayan pasado a uno mismo. Una magnífica narración que difícilmente atina uno a llamar novela.

Enero 2003

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