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Barcelona, Editorial Planeta, 2014. 531 p.

Típica novela de Muñoz Molina, que te mete en los ambientes sórdidos de cabarets, prostíbulos y hoteles baratos, de los que no acaban de salir sus protagonistas. Porque todos viven en esos submundos alcoholizados y de drogas, unos buscando a ciegas una salida a su vida sin sentido, otros huyendo de la persecución de los detectives. Este último es el caso de James Earl Ray, que asesinó a Martin Luther King el 4 de abril de 1968 en Memphis, y desde entonces vagaba sin rumbo por Canadá, Estados Unidos, Londres y Lisboa, cambiando de nombres y de aspecto. Recorre ciudades de habla inglesa y luego Lisboa, donde no entiende el lenguaje y se muestra cauto y tímido. Va dejando pistas por su inseguridad, que luego serán aprovechadas por los detectives. Fue hijo de padres alcohólicos, el quinto de trece, que no recibió sino pésimos ejemplos y que fue encarcelado varias veces por robos menores. Toda su vida había sido así, un escaparse de la cárcel sin reintegrarse nunca a una vida normal. Él no planeó el asesinato de Martin Luther King, sino que fue su ejecutor por dinero.

Cuarenta años después del asesinato un joven Antonio quiere reconstruir la huida del asesino y viaja a Lisboa en busca de los recuerdos que le consagraron como escritor veinte años antes.“Obsesionado por este hombre fascinante y gracias a la apertura reciente de los archivos del FBI sobre el caso, Antonio Muñoz Molina reconstruye su crimen, su huida y su captura, pero sobre todo sus pasos por la ciudad. Lisboa es paisaje y protagonista esencial en esta novela, pues acoge tres viajes que se alternan en la mirada del escritor: el del prófugo Earl Ray en 1968; el de un joven Antonio que en 1987 parte en búsqueda de inspiración para escribir la novela que lo consagró como escritor, El invierno en Lisboa, y el del hombre que escribe esta historia hoy desde la necesidad de descubrir algo esencial sobre estos dos completos desconocidos”.

(http://www.casadellibro.com/libro-como-la-sombra-que-se-va)

El conocimiento de primera mano que muestra el autor del mundo del jazz es apabullante. Seis páginas de la novela (102-108) están dedicadas a los músicos de jazz más relevantes: Miles Davis, Woody Shaw, Tete Montoliu, Elvin Jones, Dizzy Gillespie y otros muchos que pareciera conocerlos muy de cerca. Las frases de Muñoz Molina, los párrafos se desenvuelven como hilos seductores que aferran al lector y no lo sueltan. Se demoran en infinidad de detalles que uno conoce pero que le pasan desapercibidos.Repite la misma escena de varias maneras y siempre es la misma y distinta por la morosidad de los detalles nuevos, por la reflexión sobre la misma de los protagonistas, que siempre varía.

Hay un cambio en la novela que insinúa algo nuevo que luego no se desarrolla. Ya no es la sucesión de recuerdos del asesino fugitivo, ni es tampoco la persecución de su sombra treinta años después. De repente la novela cambia de actores y de ser vagamente policíaca se hace romántica. Pero ese excursus dura poco tiempo. Regresa a la reconstrucción del asesinato y en ese punto es magnífico el capítulo 25, en que recrea imaginariamente la vida de Martin Luther King, condensada en las breves horas que pasó en el Lorraine Hotel de Memphis donde fue asesinado. Es el capítulo más memorable, que se convierte en novela histórica.

El que se sumerge en el estilo de Muñoz Molina no sale a la superficie o no sale indemne. Tiene que pedirle permiso para abandonar la zona de luminosidad intermedia, de reflejos vagos de atardecer, de perenne navegar por la cotidianidad, presentada de forma original y sorprendente. Gran novela.

Junio 2016

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