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Barcelona, Planeta, 2011 (original de 1953), 329 p.

¿Podrá ser perdonado el diablo? ¿Es realmente un ángel caído por celos y envidia del ser humano? ¿Es cierto que domina el mundo y a toda la humanidad? ¿Qué relación tuvo con Jesucristo? ¿Se arregla mejor con las mujeres que con los hombres? Estas son algunas de las preguntas que surgen con la lectura de este famoso libro de Papini, que dio mucho que hablar cuando salió hace más de 60 años y todavía sigue siendo de interés. El diablo es presentado en todas las facetas posibles dentro de la cultura cristiana, pero también tal como lo ven otras culturas antiguas: egipcia, persa, musulmana. En todas ellas hay un principio del mal que lucha contra el hombre para esclavizarlo. El autor muestra su gran cultura religiosa y literaria, pues además de analizar pasajes de la Sagrada Escritura, trae a colación distintas visiones de los Santos Padres sobre el tema. Analiza la figura del diablo en el arte y en la literatura y se ve que el tema fue toda la vida de su interés. Dante, Shakespeare, Dostoievski, Nietzsche, y otros muchos no tan conocidos son citados por Papini. Al final del ensayo presenta un drama en tres actos, en el que una bella mujer, trasunto moderno de Eva, trata de convencer al diablo, de tentarle para que se arrepienta y así consiga el perdón de Dios, pero el diablo se resiste.

Desde el punto de vista cristiano surgen muchos temas en este libro a propósito del diablo: Dios Padre sufre con el castigo del demonio, porque ama a todas sus creaturas y sufre cuando ellas sufren. Las relaciones entre Dios Padre y Jesucristo con el diablo son más cordiales de lo que solemos imaginarnos. Si los hombres llegaran a perdonar al diablo lograrían la conversión del ángel caído. El diablo se alegra de que ahora muchos no crean en su existencia. El diablo ha sido el inspirador de muchas obras de arte en la historia de la cultura, porque sabe acomodarse al ingenio de los artistas.

Uno de los temas que Papini toca con atrevimiento para su época es el de la eternidad. La niega para un castigo en el infierno, porque Dios no puede ser tan inmisericorde con su propia creación; llegará algún día en que la Redención alcance hasta el mismísimo averno. Justifica su enfoque diciendo que los dogmas de la Iglesia necesitan acomodarse con el paso del tiempo a la nueva visión de las cosas y cita escritores antiguos en esa línea.

Una obra que vale la pena volver a leer y así descubrir conexiones inesperadas de Satán, el demonio, el diablo, Azazel, Leviatán o como quiera que se le llame con la realidad de todos y de cada uno, esperando y confiando en que el Señor nos permita dominarlas. Esto tiene particular relevancia en la sociedad venezolana de estos días, en los que parece que el mal gratuito, el asesinato impune domina en los que dirigen las represiones y castigos a los opositores.

Mayo 2017

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