En Reseñas de libros
Califica esta reseña
Gracias

CUERPOS Y ALMAS

Maxence van der Meersch

Barcelona, Círculo de Lectores, 1970, 613 p.

 

El autor, un francés nacido en Roubaix en 1907, vivió solamente 43 años. Publicó Cuerpos y almas en 1943, en plena guerra mundial. Varias de sus novelas fueron llevadas al cine y ganó el premio Goncourt con La huella de Dios, publicada en 1936. Cuerpos y almas es un magnífico cuadro de cómo estaba la medicina en los hospitales, dispensarios y consultorios médicos, cómo eran tratados de manera diferente los pobres y los ricos, cómo iba avanzando la cirugía. Tiene el autor una fabulosa capacidad de describir toda clase de operaciones, que provocan asco y temor, repugnancia y miedo, así como también asombro y compasión. En sus visitas a los enfermos, al doctor le acompañan estudiantes ambiciosos de ciencia y progreso. Van der Meersch era periodista y escritor, pero aquí aparece como un consumado cirujano, lo que indica que se asesoró con toda clase de información y detalle sobre lo que iba a describir en la novela.

La acción se desarrolla al comienzo en el “Hospital Universitario de l’Égalité, a finales de los años treinta. La vida del doctor Michel Doutreval, perteneciente a una ilustre familia de médicos de Anjou, es el hilo conductor que Van der Meersch utiliza para introducirnos en el microcosmos de la facultad de medicina: desde las vejaciones a las que son sometidas las prostitutas y tuberculosos por parte del equipo facultativo, hasta el corporativismo de los médicos de cuna y el arribismo de algunos doctores de procedencia humilde, que son capaces de todo con tal de mantener el estatus que tanto les ha costado conseguir. Así, médicos, estudiantes, enfermeras e incluso políticos conforman este magnífico fresco, un fiel reflejo de las condiciones de la época.”

(https://www.planetadelibros.com/libro-cuerpos-y-almas/6165)

Jean Doutreval trata a los pacientes de un psiquiátrico con una infusión que les provoca espasmos y dolores intensos, pero que en la mitad de los casos les ha devuelto la cordura. Son tres mil pacientes y él atribuye el número tan elevado al alcoholismo y la sífilis. En Francia hay quinientas mil tascas o tabernas – dice –, Francia es una “tascocracia”. Describe también el pabellón de niños del asilo Saint Clément, poblado de seres malformados, repugnantes, locos, pero que se alegran muchísimo cuando Doutreval y sus ayudantes los visitan. El doctor tiene dos hijas y un hijo, Michel, que también se gradúa de médico, pero que se convierte en su dolor de cabeza. Michel se ha enamorado sin remedio de Evelyne, una paciente joven tuberculosa, y cuando el padre se lo prohíbe, él se marcha fuera y se casa con ella. El dolor del padre por la pérdida del hijo es muy grande.

Fabienne, la hija menor, estudia enfermería. El autor aprovecha los recorridos de la joven por el quirófano y por las salas de maternidad para mostrar toda la miseria de enfermedades incurables y de malformaciones repugnantes, debidas con frecuencia a excesos en la bebida o la sífilis. Las reflexiones sobre el sentido de la vida que se hace Doutreval después de la muerte de su hija Mariette son profundas y muestran una filosofía creyente que no teme a los interrogantes de la ciencia y del agnosticismo. Pero Doutreval sólo se adora a sí mismo, sólo adora a su Yo con mayúscula y por ese dios va sacrificando a sus hijos: primero a Michel, luego a Mariette y por último a Fabienne, hasta que se da cuenta de su infinito egoísmo y siente asco de sí mismo. Pero logra reconciliarse con Fabienne, renuncia a sus pretensiones orgullosas y nace un nuevo hombre.

Michel, el hijo del doctor Doutreval, se ha convertido en un médico de barrio, querido por todos, no bien pagado, muy sacrificado, siempre dispuesto a atender a un enfermo a cualquier hora. Evelyne, curada de su tuberculosis por Domberlé, un médico que se curó a sí mismo, corresponde con un afecto sin límites a Michel, y le reconforta en sus trabajos y en sus dudas sobre la naturaleza humana. Son la pareja que hace honor a lo bueno del ser humano. El autor hace unas reflexiones sobre este tema al final de la novela: “En cierto modo somos siempre lo que la mujer que amamos quiere que seamos. La misión de la mujer es la de volver a crear al hombre. Alcanzar la verdad a través del amor es el más bello y hermoso destino que pueda darse en este mundo (…) Sólo hay dos amores. El amor a sí mismo o el amor a las demás creaturas vivientes. Detrás del amor a sí mismo no hay más que sufrimientos y maldad. Detrás del amor al prójimo está el bien, está Dios… sólo existen dos amores: el mor a sí mismo y el amor a Dios”. (p. 610)

Hay muchos médicos interesantes en esta novela. El famoso doctor Géraudin es buscado por las damas de alta sociedad para reconstruirles los pechos y borrarles las arrugas. Lo hace de maravilla, para asombro y envidia de muchos colegas. Pero no es feliz. Su esposa es una dama caprichosa y malgastadora, tiene un hijo totalmente desequilibrado, que necesita atención y cuidados constantes. Él ya ha llegado a los sesenta y sabe que le quedan pocos años como el mejor cirujano francés. Siente algunos mareos cuando opera, pero los oculta. La escena más terrible de la novela es la inesperada muerte por cesárea de Mariette, la hija mayor de Doutreval, provocada por una carnicería inexplicable que comete el que había sido hasta entonces el mejor cirujano de Francia.

Otro médico interesante es Domberlé, extuberculoso, que fue observando cómo se curaba a sí mismo de forma contraria a la usual, es decir, prescindiendo de alimentos fuertes y sobrealimentación, y más bien a base de verduras y alimentos suaves. Esto le lleva a aplicar esta forma de curación a muchos otros enfermos, y a publicar los resultados en un libro que se hace famoso. Domberlé es un adelantado de la influencia de la mente en el cuerpo, y que las enfermedades son todas psicosomáticas. Dice: “El sufrimiento es el gran educador del hombre. La medicina clásica ignora hasta qué punto esto es verdad, incluso en el plano fisiológico. Nos ha enseñado a odiar la enfermedad y, sin embargo, la enfermedad aclara, previene y purifica. En el aspecto material tiene las mismas causas: ignorancia, excesos, insumisión, que el sufrimiento en el plano moral. Extraño paralelismo, ¿verdad? Al exaltar el papel del sufrimiento, los cristianos no hacen más que trasponer y sublimar una verdad, ignorando hasta qué punto esta se arraiga en lo más profundo de nuestro ser fisiológico. Si se las comprendiera bien, medicina y religión hacen en realidad la más armoniosa de las síntesis, apoyándose la una en la otra en lugar de oponerse mutuamente.” (p. 249-250)

Dice un comentarista: “Es llamativo observar cómo, de todos los personajes, sólo un par poseen vocación, investigan y avanzan, costándoles esto sus carreras y vidas personales. Estos médicos vocacionales subsistían con subvenciones y salarios ínfimos, condenados al ostracismo por parte del resto de sus colegas, que no lograban entender que de todos los caminos posibles en la medicina (ser profesores de universidad, abrir consultas privadas o dedicarse a la política) hubiesen elegido el camino del esfuerzo, del sufrimiento, de la humildad y la miseria.

Además, la novela nos plantea diferentes debates éticos que tratan temas como la experimentación de ciertos tratamientos con seres humanos, pasando por las dificultades en el tratamiento y diagnóstico de los enfermos mentales (todavía vigentes en plano siglo XXI), tocando temas como el aborto, entonces muy rechazado, pero no por ello menos practicado. Habremos de tener en cuenta que el autor de esta novela perteneció a un grupo de escritores católicos, por lo que con frecuencia nos podemos encontrar con planteamientos que no compartiremos del todo, si bien podremos compartir el nexo conductor y moral básico de la novela, de manera que nos pueda aportar conclusiones del todo válidas, sea cual sea nuestro credo.

Uno de los planteamientos morales más importantes al que nos aproxima este libro es el de la elección entre el poder y la influencia u optar por una existencia humilde pero digna, en la que preservemos nuestra integridad y resultemos igual de útiles a nuestras profesiones. Doutreval encarna al médico escrupuloso y aséptico, que cree que en medicina el fin justifica los medios, si esto significa salvar a una mayor cantidad de personas. Sin embargo asistimos muy poco a poco a un cambio en el que los intereses y vanidad personal se abren paso, resultando finalmente la única brújula en su proyecto; sin importar estadísticas o estudios que le contradigan. En esta parte de la novela se profundiza, de una manera muy interesante para profesionales relacionados con la educación especial y la neuropsiquiatría, en metodologías de tratamiento psiquiátrico basados en el shock insulínico, la convulsoterapia y el despuntamiento del temido electroshock.”

(http://leyendoenalto.blogspot.com/2010/02/cuerpos-y-almas-maxence-van-der-meersch.html)

Otro personaje importante de la novela es el abogado y político Olivier Guerran, que llegó a ser ministro. Se casó por consejo de su madrina con Julienne, de la que tuvo dos hijos, Charles y Micheline. Su matrimonio fue un fracaso, sobre todo por el carácter de su esposa, derrochadora al máximo, malhumorada siempre, que impone su voluntad cueste lo que cueste. Guerran tiene una apendicitis aguda, su apéndice se revienta y el vientre se le llena de pus. Le opera Géraudin, le cuida Fabienne durante meses y se salva gracias a ella. Con el tiempo el agradecimiento se convierte en amor y Guerran decide divorciarse para casarse con la joven, que ya está embarazada de él. Las escenas con su esposa y con su hija Micheline son de tono subido y furioso, que el autor presenta sin remilgos. El abogado de Julienne le exprime a Guerran hasta la última gota, pero la joven recapacita y quiere dejar a Guerran libre de casarse con ella. Escena de un profundo dramatismo es la separación de ambos. El autor abunda en consideraciones psicológicas sobre el amor, que él define como una confluencia de dos egoísmos.

La novela tiene grandes méritos históricos, psicológicos y literarios. Escrita hace cerca de 80 años, atrapa al lector de hoy, que ve en ella un retrato de la sociedad francesa anterior a la segunda guerra mundial y, de alguna manera, un espejo de la sociedad humana de todos los tiempos. De acuerdo con los cánones literarios de la época hay descripciones minuciosas de todo: de la belleza del campo y de las calles de la ciudad, de los muebles de una casa señorial y de la ropa rica y los andrajos del pobre. La novela acierta en la pintura de los caracteres, que suscitan cercanía y compasión, o rechazo y repugnancia. No es de extrañar el sinnúmero de ediciones que ha tenido en francés y en los muchos idiomas a los que se ha traducido.

Diciembre 2018

Publicaciones recientes
Comentarios
pingbacks / trackbacks
  • […] “Los cuatro gigantes del alma” de Emilio Mira y López, monumental obra en torno a las emociones (http://www.cuatrogigantesdelalma.com/) y “Cuerpos y almas” de Maxence van der Meersch. Cuerpos y almas lo tuvo que buscar Esteban 4 veces porque tres veces regalé el ejemplar de tanto querer compartirlo. En este link hay una aproximación a esta obra definitoria en la vida de quien escribe. https://www.unaragonesenvenezuela.com/2018/12/28/cuerpos-y-almas-maxence-van-der-meersch/ […]

Deja un comentario