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RÍO SAGRADO

Wilbur Smith

Buenos Aires, Emecé Editores, 1993, 610 p.

Hay varios protagonistas en esta novela esplendorosa, mezcla de relato épico e historia de amor. En primer lugar, el río Nilo, madre de toda la vida en Egipto, inmenso y pausado en el valle medio y despeñando toda su fuerza en las seis cataratas de su curso alto. El Nilo es el río sagrado por excelencia, regalo de la diosa Hapi, morada de cocodrilos e hipopótamos, de ibis y pájaros multicolores, columna vertebral de la fecundidad que rasga los desiertos que se retiran a su paso. En segundo lugar, Lostris, “hija de las aguas”, hija de Intef, el hombre más poderoso de Egipto después del faraón. Lostris tiene catorce años al comienzo de su relato y de su belleza fresca e inteligente se enamora Tanus, hermoso y varonil, que comanda la flota del Nilo. “El aliento de Horus” es la embarcación insignia y él la maneja como nadie tanto si se trata de cazar hipopótamos como de abordar naves enemigas. Lostris florecerá con una belleza extraordinaria que conquistará al mismo faraón, aunque su corazón y su cuerpo estén siempre con Tanus.

El esclavo Taita relata la historia en primera persona, una historia que ocurre dieciocho siglos antes de Cristo, en tiempos del faraón Mamose o Tamosis, octavo de su nombre, quien no ha sabido combatir a los secesionistas del norte ni procrear un varón que continúe la dinastía. Taita es un esclavo eunuco inteligentísimo y hábil, dotado de todas las cualidades imaginables: hábil estratega para la guerra, arquitecto, médico y cirujano, pintor, preceptor, músico, letrado, historiador y poeta. Enamorado a su pesar de Lostris, de la que es el esclavo preferido, la salvará en repetidas ocasiones de sus impulsos aventureros y le facilitará el camino para que se convierta en la consorte oficial. Junto con su pareja preferida Lostris y Tanus, a los que aconseja, defiende y consiente, Taita lleva el hilo conductor de la historia, reflexiona con el lector, filosofa sobre la vida y la muerte, sobre la desgracia y la dicha humanas y la fatalidad del destino que señalan los dioses.

Lostris concibe y da a luz un hijo, Memnón, que es educado como futuro Faraón por Taita. Niño inteligente y audaz, se ganará el corazón de todos y aprenderá pronto a tensar los arcos que su preceptor le fabrica y a superarle en habilidad y arrojo. Será un guerrero valiente, reconquistará el reino perdido y logrará mantener en vigor la dinastía amenazada.

La acción es variada y amena, y se tensa en extremo cuando los hicsos conquistan el bajo Egipto y avanzan sobre Tebas, la capital del faraón, amenazándola con un arma nueva mortal e irresistible: los carros con rueda, de las que sobresalen afiladas cuchillas, y que son tirados por un animal veloz y desconocido, el caballo. El faraón muere en el asedio y Lostris y su corte y ejércitos huyen hacia el sur, hacia las tierras desconocidas donde habitan los pueblos de raza negra. Muchos años dura la peregrinación, pero al fin, gracias a Taita, que se apoderó de algunos caballos hicsos y aprendió a manejarlos, pueden regresar y reconquistar el territorio perdido. La tumba de Mamose, de acuerdo con el juramento que le hizo Lostris, queda segura en un valle escondido de las montañas de Abisinia. Taita la ha diseñado con mil ingeniosos pasadizos y será inexpugnable a la avaricia de los futuros ladrones de tumbas.

Otros personajes de relieve aparecen en la trama: el faraón Mamose, viejo y débil, pero de buen corazón; Intef el traidor y su repugnante mayordomo Rasfer, que recibirán su merecido no sin antes causar desolación entre sus propios connacionales; la bella Masara, princesa del sur, que se enamorará a primera vista de Memnón y será correspondida por él; Kratas, el segundo jefe de la flota después de Tanus, generoso y leal. También son breves protagonistas los caballos, criaturas magníficas, en las que Taita descubre cualidades de nobleza y fidelidad y a los que sabe manejar como ninguno.

Este gran relato cautiva por su variedad y frescura, porque el autor describe acontecimientos que desatan el horror y la repugnancia, la admiración y el deseo, todo un mosaico de pasiones y sentimientos humanos, que el autor transmite al lector con veracidad y realismo. Quedamos a la espera de la continuación de esta historia grandiosa, tan poderosa y fecunda como las aguas infinitas del río Nilo, el mejor regalo que los dioses pudieron inventar para los hombres.

Junio 2002

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