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NOSOTRAS QUE NOS QUEREMOS TANTO

Marcela Serrano

Madrid, Suma de Letras, 6ª ed. 2001 (2000), 437 p.

Cuatro mujeres amigas se encuentran en una casa de campo al sur de Chile, propiedad de una de ellas. Se hicieron amigas hace tiempo en el trabajo, tres de edad parecida, cercanas a los cuarenta, la mayor de 52 años. Van contando su existencia, muy diferente, muy variada. Dice la solapa de atrás de la sexta edición:

“Cuatro mujeres chilenas, a las puertas de la madurez y a orillas de un lago, dan curso sin inhibiciones al relato apasionado de sus historias personales. Son vidas marcadas a fuego por la experiencia socialista de Allende y el golpe militar de 1973, pero también por la huella más íntima del amor y del dolor, el desengaño y la compasión.

Nosotras que nos queremos tanto ilumina la relación hombre/mujer desde una óptica femenina inédita. Sea o no esta novela el retrato en clave de un sector de la sociedad chilena y sus vicisitudes de los últimos años, su lectura nos enfrenta sin concesiones a los claroscuros de la condición existencial de la mujer. Nosotras que nos queremos tanto fue galardonada en 1994 con el premio Sor Juana Inés de la Cruz, distinción concedida a la mejor novela hispanoamericana escrita por mujeres.”

Son diferentes. Ana, la mayor, profesora de literatura, más estable y familiar, madre de tres hijos y ya abuela, hace de confidente y apoyo de las demás. María, espectacularmente bella y extrovertida, a quien le tocaron las copas en el reparto de la baraja, arrastra por debajo de su coquetería una visión pesimista de la vida y de los hombres. Sus experiencias amorosas son variadas y mayormente incompletas o decepcionantes, hasta que encuentra a Ignacio, el hombre de su vida, pero ella lo deja ir en medio de una depresión profunda… Carácter existencialista al máximo, sus reflexiones sobre la vida y el amor son duras, con frecuencia cínicas. Su inclinación idealista a la militancia de izquierda sufre reveses tremendos después de la caída de Allende, cuando comprende que los jefes en la clandestinidad sólo piensan en ellos mismos y explotan a los subordinados.

Isabel es bonita, casada de apenas 19 años con Hernán, cinco hijos todavía pequeños. La pareja tiene una relación convencional, sin mucho entusiasmo, ella entregada por completo a las tareas de madre y de ama de casa. La autora describe en un capítulo magistral, el veintiuno, una escena con motivo del regalo de cumpleaños que Isabel ha preparado a su marido, que constituye un terrible ejemplo de desencuentro e incomprensión.

Sara se había educado entre mujeres hasta que un buen día decidió liberarse y se fue a estudiar a Santiago fuera del ámbito protegido. Se va abriendo a la política e ingresa en el PC, como tantas otras estudiantes universitarias de la clase alta chilena. Muerto Allende tiene que llevar una vida en semiclandestinidad, buen tiempo en el extranjero. Como María, termina por decepcionarse de la política. Su vida sentimental tampoco es exitosa: es traicionada por su amiga Pilar, que se lleva a Francisco, su marido.

Otros personajes femeninos tienen relevancia, sobre todo Soledad, la hermana menor de María, que sufre la represión de los tiempos de Pinochet, y Magda, la hermana mayor. A Magda le tocaron los bastos y a Soledad las espadas en el reparto de cartas y así va a manifestarse en sus vidas. Otros personajes son Teresa, amiga de Sara y la prima Piedad, muy modosa y retraída en apariencia. Los caracteres masculinos pasan casi desapercibidos. Sólo destaca Ignacio, brillante hombre de mundo, de grandes condiciones físicas e intelectuales, que podría haber llevado con María una vida feliz.

La novela no tiene acción propia, sino que es el recuento de las vidas de sus cuatro protagonistas. En ese sentido hay múltiples acciones que entrelazan sus hilos hasta concurrir en el encuentro de las cuatro a orillas del lago, momento de revisión de sus existencias. Los temas que salen a relucir son muchísimos: las respectivas familias, la soltería, la política, el amor y la sexualidad en sus variadísimas formas, la moda en el vestir, las costumbres de la clase burguesa y sus prejuicios, la psiquiatría. Llama la atención que apenas se toca el tema religioso.

El lenguaje de la novela no tiene inhibiciones ni en cuestión de palabras ni en las escenas, pero su autora no recarga las tintas ni hace exhibiciones. Gusta por su frescura y rapidez, con algunas palabras y expresiones chilenas poco conocidas.

Julio 2005

 

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