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Barcelona, Espasa Libros, 2014, 813 p.

 

Franco es una figura controversial de la historia reciente de España. Puedo decir que los autores lo tratan con todo cuidado y objetividad, sin hacer una hagiografía, pero tampoco sin condenarlo sin más como un tirano. Los dos autores son especialistas en el tema, al que han dedicado muchos años de investigación y sobre el que han publicado muchos libros y artículos.

Francisco Franco Bahamonde nació en El Ferrol el 4 de diciembre de 1892. Su padre, Nicolás, oficial de la Armada, fue un tarambana que nunca lo quiso, pero su madre, María Pilar Bahamonde, lo educó religiosamente, inculcándole los valores de respeto, obediencia a lo establecido, amor a la patria y a Dios, que luego marcarán toda su existencia. Siguió la tradición militar de la familia y a los 14 años ingresó en la Academia militar de Toledo. Fue dura su formación militar porque era bajito y de voz aflautada, pero superó estas deficiencias por su dedicación y entrega total. Fue enviado a Marruecos, entonces protectorado español, y allí se formó y destacó entre todos por su valentía (fue herido seriamente), su visión estratégica y su don de mando. Enmendó el desastre de Anual y fue ascendiendo hasta llegar a ser el general más joven de Europa con 31 años. No voy a recorrer su biografía, sino resaltar aspectos de relieve en ella, algunos en contraste con lo que se suele pensar o decir de Franco.

  1. Fue leal a la República española hasta cinco días antes del Alzamiento, que él no organizó. Fue el asesinato de José Calvo Sotelo el 13 de julio lo que le unió a Sanjurjo, Mola y Queipo de Llano, que fueron los que prepararon la rebelión contra la República.
  2. Franco creyó que la guerra duraría poco si conquistaba pronto Madrid. Pero desvió el avance de sus tropas desde Cáceres en septiembre de 1936 hacia Toledo para reconquistar la ciudad y premiar así a José Moscardó, y dio con eso tiempo de que llegaran los refuerzos de las Brigadas Internacionales y el armamento que envió Stalin, que reforzó a las tropas de la República.
  3. El apoyo de Franco a Hitler y Mussolini fue condicionado a recibir su ayuda. Tenía simpatía por el autoritarismo de ambos, porque Franco no aceptaba la democracia liberal, pero supo distanciarse lo suficiente para no meter en el bando del Eje a una España destrozada por la guerra civil.
  4. Tuvo la ilusión de restablecer el imperio español y soñó con la conquista del norte de África, dominada entonces por Francia en Marruecos y Argelia. Esperó y esperó a que se diera la oportunidad, pero luego desistió de esos sueños anacrónicos.
  5. Siempre se consideró un militar providencial, elegido por Dios para salvar a España del comunismo y la masonería. “Por el imperio hacia Dios” fue un lema falangista que él hizo suyo, espacialmente en los años 40 y 50.
  6. Franco fue transformando poco a poco su régimen llevándolo hacia la monarquía, pero no para entregarle el mando a don Juan, hijo de Alfonso XIII, con el que no llegó a entenderse. Fue preparando al hijo de don Juan, el príncipe Juan Carlos, que estuvo más cerca de Franco que de su padre.
  7. Franco permitió con disgusto cambios económicos en la sociedad española, que transformaron poco a poco el estatismo y control que él preconizaba. Fue permitiendo la irrupción de la inversión extranjera y el despliegue privado de las empresas. Eso fue llevando a la sociedad del bienestar y a una invasión del turismo que él no había previsto.
  8. Las reformas eclesiales del Concilio Vaticano II nunca las entendió. Él conservó y practicó un catolicismo tradicional, en el que eran muy importantes la autoridad vertical de la jerarquía y la práctica frecuente de los sacramentos.
  9. Tampoco entendió ni aceptó la libertad de información, que él consideró perjudicial para un gobierno autocrático que era según él lo que necesitaba España y el Occidente europeo. El terrorismo de ETA le hizo sufrir, sobre todo con el asesinato de Carrero Blanco, a quien había designado como sucesor.

Los autores presentan un capítulo final sobre la perspectiva histórica de Franco, del que presento sólo un párrafo:

“Perteneció a la era de los grandes dictadores europeos: Mussolini, Stalin y Hitler. Franco fue el cuarto en importancia del grupo, pero se puede decir que era el más normal de los cuatro y, tal vez por ello, el que tuvo más acierto. Mussolini sufría bipolaridad emocional, mientras que el nivel de equilibrio de Franco era el que debía ser. Hitler y Stalin revelaron profundas aberraciones psicoemocionales que en Franco no existieron. Y comparado con estos dos últimos, en las decisiones de Franco no había sadismo, únicamente una limitada paranoia. (…) Comparado con los otros tres dictadores, tampoco sufrió de aberraciones sexuales ni de excesos; fue el único de los cuatro completamente fiel y devoto esposo y padre, así como el único cristiano del grupo, por modesta que fuera su caridad”. (p. 624)

Zaragoza, Julio 2015

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